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El Hábito Espiritual de Vida y Muerte

¿Sabías que hay un hábito espiritual de vida y muerte?

En nuestra vida espiritual y en nuestro liderazgo, nos enfocamos en muchas actividades. Hay una multitud de tareas y prioridades. Hacemos una gran variedad de cosas. Animamos a los que guiamos a que se involucren en diferentes proyectos y actividades espirituales.

Entre todo lo que un Cristiano debe hacer, hay un hábito espiritual que es de vida y muerte. Su presencia o ausencia en nuestra vida determina nuestra salud espiritual. Nuestra entrega a este hábito indica la dirección en la que nuestra vida espiritual va. Toda nuestra vida y muerte espiritual depende de este hábito.

Es la lectura diaria de la biblia

El hábito espiritual de vida y muerte es la lectura diaria de la Palabra de Dios.

Salmos 119 97 Mem. ¡Cuánto amo Tu ley! Todo el día es ella mi meditación. 98 Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos, Porque son míos para siempre. 99 Tengo más discernimiento que todos mis maestros, Porque Tus testimonios son mi meditación. 100 Entiendo más que los ancianos, Porque Tus preceptos he guardado. 101 De todo mal camino he refrenado mis pies, Para guardar Tu palabra. 102 No me he desviado de Tus ordenanzas, Porque Tú me has enseñado. 103 ¡Cuán dulces son a mi paladar Tus palabras!, Sí, más que la miel a mi boca. 104 De Tus preceptos recibo entendimiento, Por tanto aborrezco todo camino de mentira.

Fíjate en como David deseaba la Palabra. En este pasaje, y en todo el Salmo 119, él expresa un deseo intenso de escuchar a Dios en su Palabra.

También, otro gran tema en este Salmo es que la Palabra de Dios es vida; nos vivifica cuando la leemos. Su Palabra nos guía; nos enseña cómo vivir y por dónde andar. Dios nos lleva a vida cuando leemos y escuchamos.

Leer la biblia diaramente es muy importante porque Dios nos habla cuando la leemos. El hábito de leer nos lleva a la vida porque escuchamos a Dios cuando leemos; el hábito de no leer nos lleva a la muerte porque ignoramos a Dios cuando no leemos.

¿Cómo desarrollamos el hábito de leer la Palabra de Dios cada día?

Hay tres componentes importantes en desarrollar este hábito.

  1. El plan de lectura. Es importante tener un plan de lectura, porque da la consistencia necesaria para formar y continuar este hábito. Puede ser un plan de leer la biblia de principio a fin; un plan de leer el nuevo testamento; un plan de leer un libro específico; o un plan de lectura bíblica de www.YouVersion.com
  2. El horario de la lectura. Es muy difícil desarrollar y mantener este hábito sin tener un horario fijo — un tiempo apartado para dedicarse a la lectura —. Lo mejor es hacerlo antes que todo lo demás al empezar el día. A este horario se puede agregar otro tiempos de lectura fijos, por ejemplo durante el almuerzo o en la noche antes de acostarse.
  3. La meditación en lo leído. En el Salmo 119, David describe cómo él meditaba en la Palabra de Dios. Santiago nos instruye a mirar atentamente a la Palabra y ponerla en práctica (Santiago 1:22-25). Después de leer debemos continuar meditando en lo que leímos. Hay dos preguntas que nos ayudan a meditar en la Palabra: ¿Qué significa lo que leí? y ¿Qué debo hacer?

¡Pongamos la más alta prioridad en la lectura diaria!

Leer la biblia es como nuestra comida espiritual. De la misma manera que nuestra existencia física depende de comer, nuestra existencia espiritual depende de leer la Palabra de Dios. Como nunca pasaríamos un día sin comer, nunca debemos pasar un día sin leer la Palabra de Dios.

Debemos poner la más alta prioridad en este hábito — tanto en nuestra vida personal como en nuestro liderazgo —. Personalmente, en privado, debemos leer la biblia cada día. No para preparar estudios o mensajes, sino para nuestra propia edificación. La vida y muerte espiritual del líder depende de su lectura devocional de la biblia. Debe ser nuestra primera prioridad.

También, tenemos que poner la más alta prioridad en guiar a las personas en nuestra iglesia a aprender a incorporar este hábito en su rutina diaria. No lo hacemos de forma legalista, ni para que hallen su justificación en practicarlo, sino porque es sumamente importante para su relación con Dios.

¡Seamos líderes comprometidos a la lectura diaria de la Palabra de Dios!

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