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Llamada alta, sin empujar

2 Peligros

Hay dos peligros que encontramos al guiar a otros:

Por un lado, está el peligro de no hacerles la llamada verdadera de entregarse totalmente al señorío de Jesús. Es difícil llamar a los demás a morir a sí mismo y sacrificar sus deseos y derechos por el Reino de Cristo. Entonces, siempre somos tentados a bajar el estándar. Y esto es ignorar el trabajo del líder en el Reino de Jesús; somos llamados a proclamar toda la voluntad de Dios e invitar a otros a que se entregan a Él.

Por el otro lado, corremos el peligro a empujarles a cambiar. Esto es no sólo hacerles la llamada verdadera a ser como Cristo, sino también hacerles aceptar esta llamada a la fuerza. Es forzar y manipular; es necear y empujar. Cuando hacemos esto, ignoramos la soberanía de Dios. Pretendemos que nosotros podemos hacer que otros cambien. Así nos queremos convertir de líderes a soberanos sobre la iglesia.

Llamada alta, sin empujar

La solución a estos dos peligros es siempre hacer una llamada alta, sin empujar a las personas que guiamos.

Recordemos otra vez la llamada que Jesús hace a sus seguidore: Nos llama a seguirle y a hacer otros seguidores. Su llamada siempre ha sido que seamos discípulos que hacen otros discípulos.

Mateo 28 18 Acercándose Jesús, les dijo: “Toda autoridad Me ha sido dada en el cielo y en la tierra.
19 “Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
20 enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.”

Jesús siempre pide una devoción total de sus seguidores.

Lucas 9 23 Y a todos les decía: “Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame.
24 “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa de Mí, ése la salvará.

Guiar a otros en el Reino de Jesús significa llamarles con la misma llamada alta de Jesús. Nunca podemos dejar de exhortar a todos a que sean seguidores hacen otros seguidores, y que dediquen toda su vida a este propósito.

A la vez, tenemos que hacerlo sin empujar ni forzar a nadie. Decimos la verdad, y luego dejamos que el Espíritu los guíe a cambiar, a seguir y a entregarse más y más.

Filipenses 2 13 Porque Dios es quien obra en ustedes tanto el querer como el hacer, para Su buena intención.

Al final de cuentas, Dios es quién da tanto el querer como el hacer — el deseo de entregarse a Él y el poder hacerlo —. Nosotros no podemos cambiar al corazón de otro. Nosotros simplemente somos los mensajeros de Dios; Él cambia a las personas.

¡Seamos líderes que nunca dejan de llamar a los que guiamos con la llamada alta de Jesús, por mientras confíemos en el Espíritu Santo para hacer los cambios y por lo tanto, nunca empujamos a los demás!

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