Síganos en YouTube para ver nuevos videos de PazConDios:

Paz con Dios

Síganos en YouTube para ver nuevos videos de PazConDios:

Líderes Transparentes

Líderes perfectos

Los que somos líderes en la iglesia sentimos mucha presión de ser perfectos. Si somos débiles o luchamos, si fallamos o pecamos, entonces nos caerán encima y nos criticarán. Pensamos que no nos harán caso, que nos dejarán de escuchar si somos menos que perfectos.

Pero es imposible ser tan perfecto. Los líderes son personas igual que los demás. Vivimos con la misma naturaleza pecaminosa, con el viejo hombre que todavía no sabe que murió cuando Cristo nos salvó. Tenemos tentaciones, problemas de caracter, malas emociones e ídolos. No podemos ser los Cristianos perfectos que pensamos que los líderes deben de ser.

Entonces, nos esforzamos por parecer ser perfectos. No lo somos, pero por lo menos lo que intentamos reflejar es una imagen perfecta. No confesamos, no hablamos de nuestras debilidades, escondemos nuestras luchas, siempre pretendemos que todo está bien. Escondemos y justificamos nuestro pecado. Por hacerlo, proyectamos una imagen peligrosa de cómo vivir la vida Cristiana, y guiamos mal a otros. Por vernos, aprenden a esconder y justificar su pecado.

El gran problema es que este no es un modelo bíblico de ser un líder.

Líderes confiesan

Los líderes bíblicos confiesan sus pecados y luchas; son transparentes con sus fallas y debilidades. Esto vemos en el apostol Pablo, cuando él confiesa su propia lucha:

1 Timothy 1:15 15 Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero.

Romanos 7:14-24
14 Porque sabemos que la Ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido a la esclavitud del pecado. 15 Porque lo que hago, no lo entiendo. Porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco, eso hago. 16 Y si lo que no quiero hacer, eso hago, estoy de acuerdo con la Ley, reconociendo que es buena. 17 Así que ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en mí. 18 Porque yo sé que en mí, es decir, en mi carne, no habita nada bueno. Porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no. 19 Pues no hago el bien que deseo, sino el mal que no quiero, eso practico. 20 Y si lo que no quiero hacer, eso hago, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en mí. 21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo la ley de que el mal está presente en mí. 22 Porque en el hombre interior me deleito con la Ley de Dios, 23 pero veo otra ley en los miembros de mi cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros. 24 ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?

Los que somos líderes confesamos nuestros pecados porque somos imperfectos. Nosotros, mejor que nadie más, sabemos qué tan imperfectos somos. No debemos pretender ser algo que no somos.

Confesamos porque todos los Cristianos (incluyendo los líderes) deben confesar.

1 Juan 1:5-10 5 Y éste es el mensaje que hemos oído de El y que les anunciamos: Dios es Luz, y en El no hay ninguna tiniebla. 6 Si decimos que tenemos comunión con El, pero andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. 7 Pero si andamos en la Luz, como El está en la Luz, tenemos comunión los unos con los otros, y la sangre de Jesús Su Hijo nos limpia de todo pecado. 8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. 9 Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad. 10 Si decimos que no hemos pecado, Lo hacemos a El mentiroso y Su palabra no está en nosotros.

Confesamos porque Dios usa la confesión para librar y limpiarnos.

Santiago 5:16 16 Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho.

Confesamos porque creemos el Evangelio. Creemos que nuestra justicia no viene de nuestra perfección sino de la de Jesús. Creemos que no somos llamados y hechos capaces para el ministerio por nuestra perfección sino por el Espíritu. Creemos que en Cristo no hay condenación.

Romanos 8:1 1 Por tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu.

¿Cómo confesamos?

Los que somos líderes aprendemos a confesar por acostumbrarnos a usar frases como:

  • Yo hice tal cosa
  • Yo lucho con equis pecado
  • ¿Podrías orar por mi porque tengo esta debilidad?

Por ser líderes, tenemos que escoger el contexto apropiado para cada confesión. El sermón del domingo no es el contexto apropiado para toda nuestra confesión. Claro que siempre debe haber un elemento confesional en cada enseñanza; es decir: al igual que ustedes yo necesito esta enseñanza . A veces confesamos debilidad y lucha a toda la congregación. Pero hay otros pecados que sólo confesamos a nuestra esposa o a otros hermanos de confianza.

Por ser así, por confesar y ser transparentes con nuestras fallas, luchas y debilidades, seremos auténticos. También, estaremos guiando a los demás a confesar. Ellos aprenderán de nuestro ejemplo que el Cristiano tiene su confianza en el Evangelio, no en su propia perfección. Experimentarán la misma libertad y sanidad que Dios da por confesar.

¡Seamos líderes que son transparentes y que confiesan sus pecados!

Cuidar la Enseñanza

Una instrucción muy importante, parte II

Hoy examinamos la segunda parte de una instrucción muy importante para líderes que el apóstol Pablo le dio a Timoteo. Dice que debemos cuidar cómo vivimos y qué enseñamos.

1 Timoteo 4 16 Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza. Persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan.

Pablo enfatiza la importancia de esta instrucción por decir que obedecerla nos lleva a la salvación, y nos hace guiar a otros a la salvación. ¡Es una instrucción sumamente importante!

Cuidamos nuestra enseñanza

En el último artículo, vimos la necesidad de cuidar nuestra forma de vivir — nuestro testimonio —. La segunda parte de esta instrucción nos dice que: debemos de tener cuidado de lo que enseñamos. En otras traducciones dice “doctrina”. Pablo está diciendo que debemos vigilar lo que creemos y lo que enseñamos.

Esto es importante para todo Cristiano, pero especialmente para los que somos líderes, porque líderes enseñan. La doctrina y la enseñanza son esenciales en el liderazgo. Por medio de ellas guiamos bien o mal a los demás. Guiamos a otros a creer el error y vivir en el error, o les guiamos a creer la verdad y vivir según la verdad.

Entonces, tenemos que cuidar lo que creemos y lo que enseñamos.

Vigilar nuestra doctrina

¿Cómo cuidamos lo que creemos y enseñamos?

Principalmente por leer la Biblia. Nosotros los líderes debemos ser grandes lectores de la Biblia. Debemos leerla todos los días. Debemos evitar la tentación de ocuparnos en otros libros, e ignorar la palabra de Dios. Sí podemos y debemos leer otros libros, pero debemos leer la Biblia más que cualquier otro libro. La palabra de Dios es viva y poderosa (Hebreos 4:12-13), debemos leerla siempre. Una dieta regular de la palabra de Dios nos llenará de su palabra, la cual saldrá en nuestra enseñanza. También, inundarnos con la palabra de Dios nos protege por hacernos reconocer el error.

También vigilamos nuestra doctrina por siempre analizar todo: todo lo que creemos, lo que pensamos y lo que escuchamos de otros. Siempre debemos rechazar lo malo y retener lo bueno. Así nos cuidamos de empezar a creer el error sin darnos cuenta.

Y por último, cuidamos nuestra enseñanza por enseñar de la Biblia. Las ideas grandes y aplicaciones de nuestros mensajes deben venir del texto. El enfoque de nuestros sermones no debe ser nuestras historias y opiniones, sino la palabra. El contenido y bosquejo de nuestros mensajes debe ser una explicación del texto, no nuestras buenas ideas.

Recordemos la promesa que Pablo da junto con esta instrucción:

…haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan.

Cuando cuidamos nuestra enseñanza — lo que creemos y enseñamos a otros —, entonces nosotros mismos creeremos más y más de la verdad, y guiaremos a otros a la vida que hay en Jesús.

¡Seamos líderes que vigilan su doctrina y su enseñanza!

Cuidar a Nosotros Mismos

Una instrucción muy importante

En su primera carta a Timoteo, el apóstol Pablo da una instrucción para líderes que es importantísima. Dice que debemos cuidar cómo vivimos y qué enseñamos.

1 Timoteo 4 16 Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza. Persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan.

Pablo enfatiza la importancia de esta instrucción por decir que obedecerla nos lleva a la salvación, y nos hace guiar a otros a la salvación. ¡Es una instrucción sumamente importante!

Cuidamos nuestra vida

Aquí, examinamos la primera parte de esta instrucción: Tenemos que tener cuidado de nosotros mismos. Debemos vigilar y cuidar cómo somos y cómo vivimos.

Cuidar a nosotros mismos es tan importante porque antes que todo nuestro ministerio, tenemos que tener una relación saludable con Dios; si nosotros no estamos creciendo más y más en la gracia de Dios, no podemos guiar a otros a acercarse a Dios. También, es importante porque nuestra forma de vivir — o sea, nuestro testimonio — es esencial a nuestro liderazgo. Debemos demostrar a otros cómo vivir como hijos de Dios; con nuestra vida enseñamos a otros qué significa y cómo se ve seguir a Jesús.

Muchas veces, el líder se preocupa más por los demás que por sí mismo: piensa en cómo está el estado espiritual de otros, e ignora su propio estado espiritual; corrige el mal camino de otros, pero tolera sus propios pecados persistentes; enseña más y más a otros, mientras su propio crecimiento espiritual se para; ayuda a guiar a otros a tener una relación más cercana con Dios, pero no profundiza su propia relación con su Padre.

¿Cómo cuidamos nuestra vida?

Cuidamos nuestra vida por vigilarla constantemente. Debemos siempre preguntarnos: ¿Cuál es mi pecado persistente? Tenemos que observarnos a nosotros mismos: lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos.

Al vigilar nuestra vida, nos cuidamos por buscar más a Dios en nuestro tiempo personal, y por no tolerar el pecado en nosotros. Tenemos que hacer cambios radicales, instantáneos y decisivos.

La instrucción de Pablo al joven Timoteo contiene una promesa:

…haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan.

Cuidar nuestra vida tiene el efecto de ayudarnos a no apartarnos de Dios, a no dejar a nuestro Salvador, a no arruinar a nuestro testimonio. También, nos ayuda a guiar a otros a seguir a Jesús y hallar su propia salvación.

¡Seamos líderes que constantemente vigilan su propia vida espiritual!